jueves, 3 de julio de 2014

La invención de Hugo Cabret, de Brian Selznick.

Texto e ilustraciones: Brian Selznick
Traducción: Xohana Bastidas
Grupo Editorial SM
Madrid, 2007
533 p.

París, inicios de la década del 30, Hugo Cabret es un niño de doce años que vive solo entre los muros de la estación de trenes de París después de haber quedado huérfano. Sin que nadie lo sepa es quien mantiene y pone al día todos los relojes de la estación. Pasa sus días en un completo abandono, entrando y saliendo de los túneles a través de las rejillas de ventilación y robando alimento de los negocios del lugar para poder subsistir. A pesar de que pasa hambre, frío y  de que no va a la escuela, lo mantiene la obsesión de arreglar un autómata, un hombre mecánico, que había encontrado su padre en el desván del museo donde trabajaba, tiempo antes de morir. Supone que si logra hacerlo funcionar, descubrirá un  mensaje que su padre podría haber dejado oculto en él, un mensaje que le daría la clave de cómo salir de su difícil vida para  continuar hacia un futuro más digno y luminoso. Para arreglarlo se ve obligado a robar piezas de la tienda del juguetero de la estación, seguro de que él no lo notará. Pero se equivoca, el viejo lo pilla y es a partir de ese momento que la trama comienza a precipitarse en una vorágine de situaciones que lo llevarán al descubrimiento, con la ayuda de Isabelle, la ahijada del juguetero,  de la verdadera identidad del viejo, ese personaje aparentemente sombrío y agrio que pasa los días tras el mostrador de su negocio en la estación de trenes.
Las imágenes introducen al lector en la historia a través de un efecto de zoom, dejando muy claro que la acción se desarrolla en París gracias a la presencia de una pálida torre Eiffel que se  yergue en el horizonte. Presentan a los personajes principales.
El estilo y el color, blanco y negro con preponderancia de tonos grises, recuerdan a las primeras películas del cine. Están hechas con trazos suaves y gruesos que dan gran luminosidad en algunos casos –la capa de mago de Papá George, plagada de resplandecientes estrellas, lunas y soles–  y una efectiva sensación de movimiento, en otros: como los efectos de zoom al comienzo y al final de la historia. Las imágenes describen cómo son físicamente los personajes y  los escenarios. Por ejemplo, gracias a ellas sabemos que el personaje de Etienne  usa un parche en el ojo derecho mucho antes de que lo haga el texto. O cómo es la librería de la estación de trenes. Relatan pasajes claves, como el momento en que el inspector persigue a Hugo a través de los túneles.
En cuanto a las fotografías: En las últimas páginas el autor, Brian Selznick, nos aclara que su libro representa un homenaje a la obra del gran cineasta francés Georges Méliès: “He acariciado durante muchos años la idea de escribir una novela sobre Georges Méliès (…)” (Selznick, 2007). Razón por la cual la historia también incorpora fotografías de escenas de algunas de las películas icónicas del creador. 
El texto es sencillo, correcto y preciso, en él no abundan las florituras de la adjetivación ni los juegos estilísticos complejos, por lo que es fácil de entender para un lector adolescente y juvenil, y refrescante y conmovedor para un lector  adulto. Completa, amplía, introduce y/o concluye el mensaje de las ilustraciones.
Esta obra pertenece, por su contenido, a la novela ficcional verosímil y, por su forma,  a un nuevo género de novela gráfica. Se puede afirmar, por lo tanto, que marca un  NUEVO GÉNERO de la NOVELA GRAFICA FICCIONAL VEROSÍMIL.

© Carolina Meneses Columbié

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